domingo, julio 18, 2010

CONCEPTUAR LA LIBERTAD








La libertad termina donde empieza la de otra persona...
según reza la archiconocida dicha, aunque con el paso de los años, una definición de tan gran concepto en clave negativa no nos parece suficiente y quizá haya llegado el momento de armar con argumentos tangibles, la oportunidad de acotar en términos más exactos cómo abordar, comportarse en y desarrollar un marco de tal magnitud.


Y se me ocurren, así de pronto, tres ideas muy claras:


1) El compendio esencial que engloba la cultura, valores y la experiencia adquiridos mediante la educación familiar y formal desde las primeras etapas del desarrollo.


2) La desvinculación de los prejucios mediante la empatía.


3) Ser fiel a uno mismo, a la propia naturaleza y ser capaces de vencer las tendencias instintivas para dejar que la inteligencia haga el resto. No es lo mismo fundar una familia por una simple cuestión de imitación social y burda fidelidad a una tradición y a presiones externas, que elegir a la persona y el momento más adecuado para ello si entendemos por exitoso dicho proceso al emprenderse en un contexto socioeconómico y un momento personal mínimamente favorable para poder dar por cumplidas las expectativas personales de ambas partes de la relación nuclear, asegurándonos de que del futuro de una unión de hecho o institucionalizada, dichas partes no se han unido para delegar objetivos no cumplidos. Cuando el instinto coincide en un momento cuasi perfecto con la elección racional aparecen los mayores y preciados bienes, claro está ansiados por su escasez, de la felicidad. De lo contrario no se puede pedir libertad futura a seres nacidos bajo el imperio del condicionamiento.


-Desde este punto entender la libertad y respetarla pasa por la extensión analógica de esa competencia empática:


Puedo sugerir mis pareceres, opiniones y deseos, no imponerlos.


Fomentar la reciprocidad y la reflexión como herramientas que potencian las relaciones interpersonales y el crecimiento de las redes sociales.


-Profesar con coherencia un modelo libre y respetuoso con las leyes y las normas de convivencia de forma vivida y no aparente. Cumplo la norma y respeto porque conozco los significados y no por las condiciones restrictivas de unas medidas coercitivas y coactivas que amenazan la inobservancia de esas pautas consensuadas de convivencia.


-Argumentar cualquier elección y actitud diferente sin tener que sentirse cohibido/a.


-Se dice erróneamente que el conocimiento y la educación coartan la libertad, pero el vasto campo del conocimiento adquirido mediante el cumplimiento de inquietudes personales nos otorgan la mayor clave de libertad legal y legítima: conocer es tener capacidad de elegir con sabiduría.


Comprender y valorar positivamente que el otro es él y no yo. No es adecuado el sentimiento de imposición de afecto por afinidades impuestas. De lo contrario no veo en los demás la riqueza de la diversidad y los ricos aportes de un pensamiento distinto, sino una extensión de un ser irrealizado que no denota otra cosa que inmadurez.


Si la libertad fuera un concepto sencillo no sucederían agresiones, crímenes ni chantaje sociopolítico. La cruda realidad estriba entre quienes la comprenden y están solos en minorías no representativas y la masa que ni la comprende, ni la entenderá, más los grupos que conociéndola atacan a sus puntos sensibles para negociar vilmente con ella.
Quizá ahora y de modo sintético estemos en condiciones de elaborar una definición más satisfactoria:
Somos libres cuando tenemos la certeza de estar exentos de cualquier condicionamiento y somos felices cuando estamos en la facultad de poder transmitir las claves y estrategias que posibilitan esos estados de claridad, crecimiento y acceso a dicha felicidad, ya que el fenómeno pleno de la libertad trasciende de la realización individual a la extensión colectiva. Para todo ello hace falta tiempo y la inteligencia desde la constancia, el esfuerzo personal, la adaptación y el estudio constituyen el sillar sobre el que se asienta el constructo del ser que aspira con garantías a ser feliz.